Artículos publicados en enero, 2014

La Comisión Europea establece nuevas normas para la financiación riesgo de la pymes.

Miércoles, 29 de enero de 2014

María Jesús Peñas Moyano

En el Diario Oficial de la Unión Europea del pasado 22 de enero se publicaron las directrices sobre ayudas estatales para promover las inversiones de financiación de riesgo para las pymes como parte integrante de la estrategia de modernización de las ayudas estatales en la UE con el objetivo de impulsar el mercado único.

Estas nuevas indicaciones vienen a sustituir a las llamadas “directrices sobre capital riesgo”, que se adoptaron en el 2006 y que fueron posteriormente modificadas en el 2010, por considerarlas demasiado restrictivas en relación a las pymes que eran subvencionables, las formas de financiación, los instrumentos de ayuda y las estructuras de financiación, tal y como la propia Comisión Europea ha llegado a reconocer. Por tanto, las nuevas reglas –que entrarán en vigor el 1 de julio- establecen las condiciones en las que los Estados miembros pueden conceder ayudas al efecto de facilitar el acceso a la financiación de esas pequeñas y medianas empresas, así como a empresas de capitalización media europeas dando un mayor margen a los países para financiar a este tipo de compañías, además de una mayor sencillez y flexibilidad. Este margen más amplio se concreta en la posibilidad de poner en marcha medidas de financiación riesgo de hasta 15 millones de euros por pyme sin contar previamente con el visto bueno de la Comisión. Y cuando los respaldos financieros superen esta cantidad se establecen las correspondientes condiciones, correspondiendo a la Comisión el análisis de los casos que puedan tener un mayor impacto en la competencia.

En todo caso, se eliminan los límites anuales a los desembolsos públicos que estaban previstos en las normas anteriores fijados en una banda entre 1,5 y 2,5 millones de euros en función del tipo de empresa, dotando de una mayor generosidad al sistema. Las nuevas reglas por su parte no establecen un límite concreto a estas ayudas que los Estados pueden conceder a las empresas, sino que reclaman que la medida esté justificada y se pueda demostrar a través de un análisis previo que el mercado no ha provisto de los recursos necesarios a la compañía en particular.

La ampliación del margen de maniobra de los Estados se pone también de manifiesto en el abanico de instrumentos financieros que se pueden utilizar para procurar la citada financiación, en el que se incluyen acciones, instrumentos de cuasicapital, préstamos y garantías, con el objetivo de reflejar las diferentes prácticas que se llevan a cabo en los mercados.

Como contrapartida, las nuevas directrices exigen la participación de inversores privados junto a los inversores públicos para poner de manifiesto que en ningún caso la iniciativa privada va a quedar relegada por la iniciativa pública. Se han establecido para ello unos porcentajes que varían dependiendo de la antigüedad de la empresa y de su perfil de riesgo. De este modo, la participación mínima de naturaleza privada se establece entre el 10 y el 60 por ciento para alcanzar la finalidad de que los países puedan respaldar empresas en su nacimiento y en sus primeras fases de desarrollo, momentos en los cuales resulta más difícil conseguir financiación privada, con independencia del potencial que la empresa en concreto pueda tener.

En ningún caso se pretende sustituir con estas ayudas los canales de financiación ya existentes, sino la atracción hacia las empresas con necesidades financieras de fondos adicionales a través de instrumentos financieros y medidas fiscales con un correcto diseño.

La reforma diseñada contempla además otras modificaciones incorporando normas más flexibles para apoyar las plataformas de financiación alternativas, así como más flexibilidad y condiciones más claras para los incentivos fiscales a los inversores.

 

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El Plan de Acción sobre Emprendimiento 2020

Viernes, 17 de enero de 2014

El Plan de Acción sobre Emprendimiento 2020: Relanzar el espíritu emprendedor en Europa: un conjunto de buenos deseos de la Unión Europea

Benjamín Peñas Moyano

Sabemos que la actual crisis económica está resultando muy difícil para todos, y en consecuencia también para los pequeños y medianos empresarios europeos, en particular los de las regiones periféricas, los cuales han sufrido un aumento importante del porcentaje de fracaso empresarial. Algo no incoherente, sin embargo,  con el reconocimiento al papel importantísimo que las pymes tienen como principal motor de creación de empleo y crecimiento económico en Europa, de lo que es un claro ejemplo el dato de que el 85 % de los nuevos puestos de trabajo netos en la Unión Europea entre 2002 y 2010 fueron creados por pymes.

La Unión Europea es consciente de la importancia de las medidas encaminadas a fomentar el emprendimiento y eliminar las barreras al desarrollo de las pymes, indispensables para reforzar la competitividad de la economía europea. De ahí la existencia de iniciativas en su seno como la Comunicación de la Comisión <<Plan de Acción sobre Emprendimiento 2020: Relanzar el espíritu emprendedor en Europa>>, cuyo objetivo es fomentar una cultura del emprendimiento en Europa, proporcionar un mejor acceso a la financiación, prestar servicios de apoyo de alta calidad a las empresas, y establecer modelos y llegar a grupos específicos (como, por ejemplo, los empresarios y los trabajadores de mayor edad, para fomentar el llamado “envejecimiento activo”).

Dicho Plan de Acción ha sido considerado por el Comité de las Regiones de la Unión Europea (Dictamen del Comité de las Regiones <<Plan de acción sobre Emprendimiento 2020>>  (2013/C 356/12), publicado el 5 de diciembre de2012 en el Diario Oficial de la Unión Europea) como “un paso necesario para fomentar la creación de un entorno favorable para los emprendedores en el seno del mercado único, contribuyendo así a la recuperación económica en toda la Unión Europea”.

En ese Dictamen del Comité de las Regiones de la Unión Europea sobre el <<Plan de acción>> se dice, por ejemplo, que se está de acuerdo con la Comisión en que los procedimientos de quiebra deben simplificarse, al objeto de dar a los empresarios una segunda oportunidad, o que la “economía verde” (que se define como una economía sostenible que conlleva una sostenibilidad económica, ecológica y social) ofrece un importante potencial de innovación que las pymes europeas podrían aprovechar con mayor eficacia.

Pero en ese Dictamen se va más allá de las coincidencias con la Comisión y se hacen por el Comité de las Regiones reflexiones interesantes; por ejemplo:

-se pide a la Comisión que aborde la problemática relativa a la determinación de las categorías de empresas, en orden a tener en cuenta las <<empresas intermedias>> (entre 250  y 5000 trabajadores), más grandes que las pymes, nueva categoría de empresas que podría beneficiarse de una ayuda superior a la concedida a las grandes empresas y menor que la de las pymes

-se subraya el papel específico de las empresas que actúan en el sector de la economía social y solidaria, empresas que contribuyen a la actividad económica y a reforzar el vínculo social en las zonas más desfavorecidas, además de cumplir tareas de interés general que justifican un trato diferenciado

-se considera necesario mejorar el planteamiento y los procesos de muchos bancos a la hora de evaluar el riesgo empresarial y financiar nuevas empresas y pymes, lo que debería ser una prioridad en aquellos casos en los que las autoridades públicas siguen apoyando a los bancos

-o se lamenta de que la Comunicación de la Comisión no tenga en cuenta la especificidad de las diversas culturas y ecosistemas empresariales presentes en las regiones de Europa, especialmente entre los <<viejos>> y los <<nuevos>> Estados miembros, las regiones metropolitanas y las no metropolitanas, así como entre las regiones centrales y las periféricas.

Y se dicen otras muchas cosas más de gran interés en dicho Dictamen del Comité de las Regiones de la Unión Europea, lo que demuestra una gran sensibilidad por parte de algunas de las instituciones comunitarias ante la grave realidad económica y social circundante, lo que nos hace ver que en el seno de la Unión Europea hay tensiones de las que pueden surgir iniciativas interesantes; pero también nos deja un poso de insatisfacción la constatación de la escasa traducción que dichas propuestas tienen después en la realidad práctica.

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